Merry Christmas Mr. Lawrence

 Esta semana tenemos en el Cineclub una película que tiene todos los boletos para no funcionar, y sin embargo funciona. Martes 16 de Diciembre, en sesión única a las 20:45, nuestra última proyección del año.

EXPECTATIVAS

Oshima fue un cineasta rompedor que venía de apabullar a todos con "El Imperio de los Sentidos", la polémica película que supuso un terremoto en Cannes.

Bowie venía de encarnar a un extraño personaje en El Hombre que Cayó del Cielo (Roeg), que había encandilado a los críticos por su originalidad y ambigüedad.

En comparación con esas dos rompedoras películas, muchos críticos encontraron Merry Christmas Mr. Lawrence poco interesante, por las expectativas creadas.

Además, entramos en la película a través de la amistad entre Lawrence (Tom Conti) y Hara (Takeshi Kitano). Y ninguno de ellos son los protagonistas de verdad, la mayor parte de la cinta no sucede en navidad. El título es confuso.

El entorno, las selvas tropicales de Java, no son el ambiente que la mitología nórdica nos ha impuesto sobre cómo se ven las navidades, ... pero esta es una película que te agarra directamente del corazón, y ha envejecido estupendamente gracias a su mirada, muy empática, y a toda la historia escondida tras los gestos y los silencios.



PRODUCCIÓN

La dirección y producción de esta película es elegante, y muy sutil. Parecería una película sencilla y con presupuesto moderado, pero al mismo tiempo es tremendamente inmersiva. Y en parte es por ese gigantesco decorado que es la reconstrucción de un verdadero campo de prisioneros japonés en las islas pacíficas. Se construyó hasta el detalle el enorme complejo en el que trascurre la acción, y mientras lo estaban filmando muchos en el equipo confiesan haberse preguntado por qué ese exceso, si en realidad sólo se enseñaba una pequeña parte de cada vez.

La ventaja es doble, y las dos veces en beneficio de nosotros, que disfrutamos la película. El tener un decorado como ese, espacioso, lujurioso, con la selva real de fondo, nos regala la libertad con la que Oshima filma una fotografía hermosísima. Por otra parte, ayudó a los actores a sumergirse en el ambiente, en la época y la historia, las relaciones de poder, el clima, el choque cultural, todo lo que subyace a la historia en sí misma. Y todo eso se nota.



IMAGEN

Hoy día es fácil reaccionar negativamente a películas rodadas en Technicolor, tras las muchas evoluciones del medio en los últimos años. Pero como en cualquier forma artística y en cualquier época, la cinematografía se alimenta del adecuado manejo de las posibilidades técnicas así de como sus limitaciones, siempre hábilmente moduladas a través de la sensibilidad del artista, al servicio de su mensaje.

Y en este film del 83 esto es especialmente cierto. Los colores son vivos, vibrantes, y al mismo tiempo parecen contener una tensión en todas sus sombras y contrastes. Los interiores son duros y fríos mientras los exteriores, especialmente a pleno sol. Al contrario que otros filmes sobre prisioneros de guerra, esta cinematografía nos permite centrarnos en las personas y sus momentos de conexión, duda y conflicto, y no en sus bandos o rangos.


SUBTEXTO

Donde esta película realmente brilla es en su forma de sugerir sin mostrar. En buena parte por la extraordinaria actuación de dos no-actores, dos músicos que toman las riendas de la película con unos personajes muy parecidos a ellos mismos: David Bowie y Ryuichi Sakamoto.

Si bien hay un subtexto que rápidamente se lanzarán a etiquetar de Queer o LGTBI, lo cierto es que es extraordinariamente delicada en su forma de plantear el tema, confrontando frustración, represión, deseo y dinámica de poder de una forma que nunca se siente ni forzada ni vulgar, sino que invita a profundizar en ramificaciones más universales y profundas en relación con la búsqueda de aceptación, el gigantesco abismo entre culturas tanto como entre personas, el crecimiento como un proceso de tala y pérdida, el deber, el honor y cómo a veces la dignidad está en el acto menos ceremonioso, a veces en el más banal. David Bowie devorando una flor a mordiscos, con delicada violencia, es una de esas extrañas metáforas visuales con las que la película consigue desconcertar nuestro intelecto, para estimular directamente nuestra intuición. A su manera, es una película extraordinariamente poética.


MÚSICA

Merry Christmas Mr. Lawrence no sería ni la mitad de efectiva sin su banda sonora, compuesta por el propio Sakamoto. Es una de las más grandes bandas sonoras del cine de los 80, quizás una de las más perfectas uniones de cine y música en décadas.

Sakamoto se ha consagrado como uno de los más grandes autores de música para películas con "El Cielo Protector", "El Último Emperador" o "Babel", y esta es su banda sonora más conocida y reconocible. Pero fuera de lo brillante y pegadizo de su tema principal ("Forbidden Colours"), es en los momentos más dramáticos donde firma una partitura absolutamente perfecta para cada momento.

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