Jeux Interdits (René Clément, 1952): La inocencia frente al horror
La realidad se transforma, a través de los ojos de un niño. Pero esa transformación no nos aleja de la verdad: nos devuelven a una forma de verla con una sinceridad limpia, sin filtros ni cinismo. Esa mirada, pura y estremecedora a la vez, es la que René Clément nos ofrece en Jeux interdits (1952), una de las obras más conmovedoras del cine europeo de posguerra. Rodada apenas unos años después del fin de la Segunda Guerra Mundial, la película sigue a Paulette , una niña que pierde a sus padres durante un bombardeo y que, errante por el campo francés, encuentra refugio en una familia campesina. Allí, junto al joven Michel , inicia una amistad tan inocente como intensa. Juntos construyen un pequeño cementerio para animales, un juego que es también una manera de enfrentarse a la omnipresencia de la muerte que la guerra ha sembrado a su alrededor. Lo que podría parecer una fantasía infantil se convierte, bajo la delicada dirección de Clément, en una profunda reflexión sobre la pérdida...